miércoles, 2 de junio de 2010

Por Cali, con la mochila a cuestas





 

Anualmente, cerca de 1.800 ‘mochileros’ visitan la ciudad. Mirada a un turismo informal

“Tostaky, muy buenas tardes, habla ‘Vinz’, ¿en qué le puedo servir?”, contesta una voz masculina que se oye a lo lejos, como si hablara por un altavoz con un particular acento extranjero que fácilmente se identifica al otro lado del auricular.

Quien atiende la llamada es Vincent Blandin, un chico francés que a sus 29 años ha recorrido más de una decena de países del mundo con su mochila al hombro pero que, cuando llegó a Cali tres años atrás, encontró dos razones de peso para no querer irse jamás: el amor de su vida y una ciudad con un potencial turístico que atrapa a cualquier extranjero. Y así le pasó a él.

Hoy este políglota, de baja estatura para ser europeo, barba de dos meses y andar pausado, vive en el barrio San Antonio junto a Claudia Martínez, su esposa colombiana. Juntos hacen sentir como en casa a cientos de turistas ‘mochileros’ que anualmente llegan a su hogar provenientes de distintas partes del planeta. Tostaky, una contracción de la frase ‘Todo está aquí’, es el nombre del hostal que la pareja convirtió en proyecto de vida.

Ellos hacen parte de un grupo creciente de microempresarios que quieren hacer visible en la ciudad una forma de viajar, de conocer otros lugares y de hospedarse lejos de casa, que aunque cada vez es más célebre en el resto del mundo hasta ahora ha resultado casi imperceptible en Cali: algunos lo llaman turismo alternativo, pero en los caminos, las terminales de buses, los aeropuertos, se reconoce como turismo ‘mochilero’.

Según datos de Planeación Municipal, en la ciudad existían hasta el año pasado 86 hoteles. Sin embargo, en los registros no aparece ninguno de los más de doce hostales para ‘mochileros’ que hay en la ciudad, pese a que la gran mayoría cuente con el Registro Nacional de Turismo.

Esta curiosidad coincide con las declaraciones de Paola Lennis, propietaria del hostal Casa Café, quien asegura que “las autoridades caleñas siguen creyendo que el turismo de extranjeros en Cali es exclusivo para los hoteles cinco estrellas, ignorando que paralelamente se vienen desarrollando otras opciones”.

Pero ¿por qué esta tendencia turística global, que genera millones de dólares al año en países como Ecuador y Perú, ha sido invisible por tanto tiempo en la ciudad? Para muchos de los que trabajan en el sector hotelero alternativo, la respuesta está en que en el imaginario de la ciudad la palabra ‘mochilero’ remite a un personaje andrajoso, que quiere todo regalado y que poco tiene que aportar al lugar al que llega.

“Además, la gente sigue creyendo que un hostal es un antro de mala muerte donde se ejerce la prostitución y no un lugar cómodo y con buena atención que muchos extranjeros prefieren a un gran hotel”, asegura Sandra Ovalle, administradora de Jovita’s Hostel, otro de los hostales para ‘mochileros’ ubicados en San Antonio.


Basta con recorrer por poco tiempo estos sitios para darse cuenta de una realidad que no muchos conocen. En su mayoría, los ‘mochileros’ son hombres y mujeres cultos; profesionales o estudiantes que quieren recorrer la mayor cantidad de kilómetros posibles gastando poco en hospedaje y transporte. La idea es economizar más, para conocer más. Aunque la gran mayoría son jóvenes, en realidad hay ‘mochileros’ de 60 años, puesto que más que una tendencia se trata de un estilo de vida. Incluso, lo de su supuesto delirio por economizar es relativo: muchos llevan consigo aparatos de última tecnología como portátiles, ipods, GPS y teléfonos satelitales.

Su objetivo es integrarse a las ciudades a las que llegan sin atarse a las imposiciones de las agencias de viaje, para poder conocer lugares en los que se puedan impregnar de la cultura local.

Pero si algo caracteriza la esencia del ‘mochilero’ es su cultura de compartir. Casi siempre buscan acomodación múltiple, no sólo para abaratar los costos sino para intercambiar experiencias en habitaciones donde pueden coincidir hasta con 20 turistas más. El baño, claro, también es un asunto común. En los hostales locales, los foráneos pueden conseguir alojamiento desde $15.000 la noche, con derecho a internet, bibliotecas, clases de español y hasta lecciones de salsa; y todo, por menos de lo que vale un desayuno en un hotel cinco estrellas.

Calor, sabor y hospitalidad

Jeff Bailey es uno de los más de 55.500 extranjeros que, según cifras de Cotelvalle, visitan anualmente a Cali. Este negociante de 38 años, proveniente de San Diego, California, lleva cinco meses desde que llegó por tercera vez a la ciudad donde, según él, lo esperaba un destino perfecto: disfruta tanto una caminata entre los colores, sabores y ruidos de la galería Alameda, como una noche de rumba en Juanchito. Toma cuatro horas diarias de clases de salsa y vive sin los afanes diarios propios de su país.

“No te voy a mentir diciéndote que Cali es una de las ciudades más lindas. Es más, está muy lejos de serlo. No está diseñada para turistas, carece de señalización en inglés y a veces es caótica. Pero tiene una mezcla de gente amable, un clima agradable y algo en el aire que te atrapa y no te deja ir”.

Sin embargo, y pese las impresiones que los mochileros de todo el mundo se llevan de Cali en sus maletas, en capitales suramericanas del turismo alternativo como Montañita en Ecuador, Machu Pichu en el Perú, Uyuni en Bolivia o la Patagonia en Argentina, se siguen escuchando las historias de droga y prostitución que posicionan a la ciudad en el top del imaginario del turismo sicotrópico a nivel global.

“Cali tiene que dejar de ser un lugar de paso entre Ecuador y Bogotá o la Costa. Los 150 ‘mochileros’ que llegan semanalmente a Cali siguen siendo pocos al lado de los 500 ó 600 que reciben Bogotá y Medellín. Esta es la mejor ciudad de Colombia, cada visitante que se niega a irse lo demuestra”, dice Vincent, el francés que piensa seguir recorriendo el mundo, sabiendo que esta ciudad siempre lo espera con su mochila al hombro.

Cali segura para el turista extranjero
·  Durante el año pasado no se registraron extranjeros desaparecidos en la ciudad ni denuncias de robo ante las autoridades.
·  El comandante de la Policía de Turismo, intendente Hugo Antonio Osorio aseguró que en los hoteles de distribuye información impresa sobre las medidas de seguridad que se deben tomar en la ciudad y que, con tan sólo una llamada al 123, un extranjero puede recibir guía en varios idiomas.
Por Andrés Felipe Álvarez H. Reportero de El País

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