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jueves, 28 de mayo de 2015

Administración municipal de Cali amenaza con nuevos desalojos en el jarrillón del río Cauca

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El pasado 19 de mayo los habitantes del jarillón del río Cauca, en Cali, recibieron en sus casas una notificación por parte del gobierno nacional y la administración local donde les advierte a los sectores de Venecia, Cinta Larga y Las Vegas que si al 1 de junio no han abandonado sus predios, serán desalojados. La comunidad de estos sectores apelan a los procesos legales que tienen en curso y argumentan que han recibido 40 órdenes de este tipo y nunca se les ha dado una constancia de que éste es efectivamente un terreno de alto riesgo no mitigable, como ha venido planteando la administración local.
La situación se presenta dentro del llamado proceso de recuperación del jarillón y según la sentencia N° 114 del Tribunal Contencioso Administrativo el próximo 1 de junio seria el plazo máximo para entregar de forma voluntaria sus predios, pues de lo contrario se efectuaran los desalojos por la fuerza.

Desalojos sin ninguna propuesta

Los habitantes del sector plantean que aún no hay una propuesta de vivienda digna que responda a las necesidades de quienes habitan dicho territorio y que nunca se les comunicó a tiempo del proceso que se venía cursando contra ellos, así lo manifestó Jaqueline Ariza: “Nos dicen que para el 1 de junio debemos haber desafectado la zona, es decir que nosotros mismos como propietarios debemos derribar nuestros predios y salir de ahí voluntariamente sin una propuesta de vivienda de mejoramiento de calidad de vida, ni siquiera nos están diciendo ustedes tienen esto, les vamos a ofrecer algo igual a lo que ustedes tienen para que continúen con su trabajo y con su vivienda en condiciones dignas como las que tienen ahí, simplemente dicen van para afuera el 1 de junio, esa es la respuesta que nos ha dado la inspectora encargada de hacer este desalojo, porque no podemos decir que va a ver reubicación. Nunca fuimos tenidos en cuenta dentro de ese proceso, ellos iniciaron una acción popular hace muchos años y eso como consecuencia arroja que todas las personas deben ser reubicadas y cabe aclarar que nunca nos dijeron en este juzgado se está cursando un proceso en contra de ustedes, nosotros nunca fuimos parte de esos procesos”.

Lanzados a vivir a la intemperie

notificacin.jpgLa amenaza de desalojo es de gravedad y preocupación, ya que esta es la tercera ocasión en la que se intenta sacar por la fuerza a dicha comunidad, ya el pasado 13 de febrero la fuerza pública ingresó al terreno dejando como resultado más de 30 personas heridas. Según los habitantes en aquella ocasión fueron reiteradas las agresiones por parte de la fuerza pública, la cual lanzo artefactos incendiarios a las empresas ubicadas en la zona y hubo el asedio constante de helicópteros que sobrevolaban a muy baja altura.

De aquel intento de desalojo, también se derribaron dos casas y sus habitantes a la fecha no tienen ninguna respuesta de la administración local, razón por la cual estas personas continúan en el mismo predio pero a la intemperie, en carpas, sin ningún tipo de solución a la vista.

Acciones legales embolatadas

Según comenta la señora Jackeline, por medio de una acción jurídica que ejecutó el abogado apoderado de la comunidad dentro del proceso se logró detener la arremetida de la administración local en esa ocasión. En estos momentos tienen cinco tutelas admitidas por el Concejo de Estado, con lo cual los habitantes del jarillon siguen a la espera de algún tipo de fallo. Lo único que saben es que este concejo solicitó, hace más de un mes, al juzgado que tiene la acusación popular en Cali que enviara todo a Bogotá, para sorpresa de la comunidad el proceso ya no está ni en el juzgado, ni en Bogotá porque supuestamente el proceso aún no ha llegado allá.

“Váyanse a comer ladrillo y cemento”

Sumado a la problemática de vivienda se encuentra la del sector productivo, pues en la zona hay más de 1500 unidades productivas, construidas en los más de 30 años de estar habitando este sector. Allí se encuentran empresas de diverso tipo, de plástico, operadoras de vidrio, colchonerías y otras que generan más de 3.000 empleos. También, según lo expresan, tienen una población donde el 80% son adultos mayores que llevan casi toda su vida en este territorio donde cuentan con más de 700 metros cuadrados, que ellos han denominado fincas dentro de la ciudad, espacios donde la gente todavía vive del cultivo, la siembra e incluso de granjas porcinas, avícolas, ganaderas, entre otras.

Esto ha ocasionado una doble vulneración, en tanto no solo se despoja del techo a la comunidad del jarillon, sino que también se atenta el derecho al trabajo, así lo hizo saber Ariza quien dijo: “Le exigimos al gobierno nacional y a la administración municipal unas garantías, pues si ese traslado se va a dar porque no solamente vivimos ahí hace más de treinta años, sino que de éstos predios dependemos económicamente ¿para dónde vamos a salir con todas nuestras pertenencias? hay muchísimos animales en esa zona: marraneras, vacas, caballos, aves, hay muchos cultivos, entonces el gobierno nacional y la administración municipal nos dice “los vamos a salvar de morirse ahogados”, pero entonces yo digo nos están salvando de morirnos ahogados, pero nos están mandando a morirnos de hambre, porque la propuesta de ellos es váyanse a comer ladrillo y cemento”.

miércoles, 15 de abril de 2015

La paz de las mujeres populares del oriente de Cali no es la paz del Gobierno

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“El tema de la paz no se resume a un cese al conflicto armado que es lo que se está negociando en La Habana, es algo mucho más integral que contempla los aspectos que propiciaron el conflicto hace casi 60 años. La paz va más allá de la mirada estatal que nos han querido vender, tiene que ver con lo cotidiano, con lo territorial, en conclusión con todas las problemáticas de nuestra realidad” Offir Muñoz Vásquez, Asociación Casa Cultural el Chontaduro.
La Red de  Mujeres de Oriente es un proceso que comenzó en el Distrito de Agua Blanca de la ciudad de Cali en el 2006, en el se debate y reflexiona sobre las realidades de la comunidad desde el lugar de la mujer. Con esos objetivos las mujeres populares del oriente de Cali se encontraron en días pasados para debatir sobre el tema de la paz, con la idea de sentar su posición con respecto al proceso de paz que contempla tanto los diálogos que el Gobierno sostiene en La Habana con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-, y los exploratorios con el Ejercito de Liberacion Nacional -ELN-, hechos que se encuentran enmarcados como asuntos de interés general en el contexto nacional.
En ese sentido, las mujeres de la red de oriente buscaban identificar el rol que tienen en la construcción de un proceso de paz incluyente, que pueda generar una verdadera conciencia y que recoja las problemáticas de su territorio, de ahí que Jasney Quintero de la Escuela Taller Amauta manifestara: “Estamos pensando el rol de la mujer en el contexto que se está planteando ahora,  para definir cuáles son nuestras percepciones y criterios colectivos frente al tema, pues vemos que lo cotidiano está profundamente relacionado con problemáticas amplias, es decir de país”

Entre discusiones y diferentes opiniones en torno al tema, Vicenta Moreno de la Asociación Casa Cultural el Chontaduro planteó: “Si bien las mujeres de oriente somos diversas hay una cosa en la que todas estamos de acuerdo, para que haya paz es necesario que exista justicia social, económica, política y cultural”. Por otro lado, las mujeres hicieron el llamado a superar la visión reduccionista de la paz, entendiendo que ésta no puede dejar de lado los aspectos estructurales causantes del conflicto en Colombia, planteamiento que enfatizó Jasney Quintero: “Se ha dicho que el conflicto se acaba cuando se desarmen los actores armados ilegales, eso no significaría el fin del conflicto porque hay una cantidad de problemáticas históricas que han llevado a que estemos en estas condiciones. Por todo esto, las mujeres de oriente pensamos que si el Estado no nos garantiza la salud, la educación, es decir las necesidades básicas es imposible pensar en paz”.  
En ese sentido, se recordó que la violencia y el conflicto no son problemáticas recientes y que por el contrario son parte de todo un engranaje dinamizado por el Estado, que ha excluido, marginalizado y empobrecido un amplio margen de la población. “El conflicto es una cuestión que viene desde la conquista. Además es evidente que se nos ha excluido, en nuestro caso la presencia del Estado ha sido para matarnos, no para apoyarnos y protegernos como supuestamente debería” dijo Vicenta Moreno de la Asociación Casa Cultural el Chontaduro.
Con estas actividades y discusiones las mujeres populares del oriente ponen en evidencia la necesidad de continuar trabajando e incidiendo en sus territorios para abordar los problemas cotidianos. Con la proyección de articularse a un gran movimiento que recoja las peticiones y propuestas que gestan escenarios como el de la Red de Mujeres, es por ello que Ana Erazo ponente del espacio y miembro del Congreso de los Pueblos en Cali, cerró el evento diciendo: “Debe existir organización, unidad y movilización para empezar a trabajar en la construcción de ese movimiento social que nos lleve a revindicar nuestras luchas, pero también a construir un verdadero proceso de paz, pues si bien son importantes los diálogos en La Habana y los exploratorios con el ELN, son procesos que hasta ahora no tienen a todos los actores como los son las comunidades y procesos sociales, por ello decimos que es necesario construir una ruta de acción, una agenda que nos lleve hacia la constitución de una gran movimiento nacional en el cual trabajemos en el tema de la paz con cambios estructurales”. 
* Equipo de Redacción y corresponsalías de Colombia Informa en Valle del Cauca.

domingo, 12 de abril de 2015

Por incumplimiento en construcción de las 21 megaobras piden devolución de aportes



Según el representante de los Contribuyentes Ramiro Varela, durante 7 años la administración municipal tanto del Alcalde Jorge Iván Ospina como de Rodrigo Guerrero le estuvieron mintiendo a los caleños. El funcionario afirma que el proyecto de las 21 Megaobras fue ejecutado y cobrado a los ciudadanos sin contar con la planeación que por ley se requería tal como lo reconoció en esta entrevista concedida al Diario El País el Secretario de Infraestructura Miguel Meléndez.

Ramiro Varela espera que los diferentes organismos de control tomen medidas disciplinarias contra los funcionarios que incurrieron en estas ilegalidades.

El Concejo de Cali también se pronunció, algunos cabildantes afirman que la administración debe conseguir fuentes de financiación para sacar el proyecto adelante.

Por su parte la Concejal Patricia Molina manifestó que estas irregularidades demuestran cómo las diferentes administraciones se han dedicado a abusar del bolsillo de los caleños.

Ante esta situación el representante de los contribuyentes decidió presentarle a Rodrigo Guerrero su renuncia irrevocable a este cargo ya que ni él ni Jorge Ivan Ospina han tenido en cuenta a los ciudadanos, convirtiéndose esa figura en una burla de los alcaldes.

martes, 6 de mayo de 2014

La ciudad neoliberal como espacio para la exclusión social, la acumulación y la ganancia

Grupo de Estudio Socialismo en América Latina y Círculos Socialistas de Antioquia   

La ciudad es la obra más compleja y maravillosa de la humanidad, y sin duda, la más colectiva de todas. A pesar de todas las transformaciones que a través de la historia se han producido, sigue siendo, tal como lo concebía el mundo clásico, el espacio privilegiado de la convivencia, el intercambio cultural y político, el arte, la ciencia y la filosofía. Por lo tanto es también, el escenario más caracterizado y más complejo del conflicto social. Cada revolución pone en escena una ciudad distinta, pues ella es la sede del poder y de las instituciones, una especie de “joya de la corona” para todas las sociedades en todas las épocas.

Las ciudades igualmente sufren y expresan los conflictos cuando estos se tornan violentos: unas veces sitiadas, otras veces devastadas, saqueadas o bombardeadas, destruidas y reconstruidas, nunca dejan de ser una resultante del quehacer humano, y hasta sus cicatrices se convierten en monumentos históricos que pueden ser vistos por turistas y visitantes. La ciudad es huella histórica, pero no cualquiera, puesto que guarda la autoestima y la cultura de los pueblos como un legado para todas las generaciones futuras.

Las ciudades son historias acumuladas y conflictos sintetizados. Cada una es por tanto particular como territorio disputado por sus pobladores y también por los intereses que están más allá de ellos, que operan desde las regiones, los estados nacionales y los poderes mundiales. Cada ciudad es una unidad, pero contradictoria, multifacética y compleja; alberga el conflicto, las expresiones culturales, étnicas, artísticas, las formas económicas y las instituciones políticas. Es escenario privilegiado de la lucha de clases bajo unas condiciones territoriales establecidas y un desarrollo tecnológico determinado.

CIUDAD Y CAPITALISMO

El capitalismo ha plasmado en el desarrollo de las ciudades unas características históricas propias. Desde que la urbanización se hizo subsidiaria del desarrollo industrial, la sensación de caos ha acompañado siempre la percepción de la ciudad, que empezó a extenderse desordenadamente siguiendo la huella de las fábricas y amontonando sectores proletarios lejos de los centros cívico-comerciales, nucleados como insumos económicos alrededor de las unidades productivas. Desde entonces “urbanizar” fue un verbo gustoso para los capitales que se asociaron alrededor de la construcción de vivienda, disparando hacia las periferias rurales el tejido constructivo precario que reduce a las clases pobres a meras “habitantes” de suburbio. Las relaciones entre lo urbano y lo rural se hicieron complejas, los límites entre lo uno y lo otro se hicieron difusos, los usos del suelo se trastocaron y las clases subalternas empezaron una confrontación primero sorda y después explícita por acceder a la ciudad y rechazar una urbanización que los reducía a habitantes de una “ciudad dormitorio”.

Cuando irrumpe la industrialización, el concepto de ciudad se hace problemático. La extensión del tejido constructivo y su penetración desordenada en las áreas rurales, pronto generó en los trabajadores una conciencia de marginamiento respecto a la ciudad, es decir, respecto a la obra construida por generaciones enteras, de la cual estaban siendo apartados por la autoridad establecida en favor de la eficiencia productiva, por un lado, y de la valorización simbólica de un patrimonio centralizado, por el otro. En otras palabras, en tanto insumo productivo, la fuerza de trabajo debía estar concentrada alrededor de las fábricas, y estas, en la periferia cercana para tener fácil acceso a los recursos
provenientes de la naturaleza, como el agua y la energía.

Mientras el capital más avanzaba en la urbanización, la segregación y precarización de los pobres iba en aumento. Mientras más distantes estuvieran estos, las élites más se apropiaban del centro tradicional y lo saturaban de relatos sobre su propia pujanza y su capacidad de emprendimiento. Hacían de los centros cívico-comerciales sus propios espejos y les negaron todo protagonismo en la construcción de ciudad a los sectores previamente excluidos.

Así, bajo la consigna de “urbanizar”, que ideológicamente asociaba con “civilizar”, el capitalismo puso a las clases trabajadoras lejos de los centros de las ciudades, despojándolas de los beneficios de la vida propiamente urbana y de su dotación material. Es decir, las élites se reservaron la ciudad para ellas y les dejaron a los desposeídos la urbanización, las urbanizaciones. Pero la burguesía continuó y continúa utilizando un discurso falsamente incluyente: nunca ha reconocido que margina de la ciudad a los sectores populares, que la privatiza, que la niega a los trabajadores. Al contrario: mediante el instrumento técnico de los “perímetros urbanos”, mantiene que la ciudad es una comunidad unida e integrada social y económicamente.

Al desarrollar la urbanización y profundizar la segregación, el capitalismo se puso de espaldas a la construcción de ciudad. Renunció al proyecto cultural integrador y desarrolló los relatos ideologizados de la explotación de ventajas comparativas, la competitividad, el empresarismo y la innovación. Luego de los capitales industriales, fundamentalmente aplicados a la construcción de vivienda, fueron los financieros los que tomaron la delantera, orientándose no solo a la construcción sino además a la destrucción de sectores enteros de las urbes, con el fin de abrir espacio a nuevas inversiones y nuevas utilidades especulativas. Se desata así la esquizofrenia de la renovación urbana, la planeación y la valorización, las nuevas estrategias de acumulación de riqueza y segregación de los excluidos.

La ciudad pues, no es la urbanización, así el perímetro urbano confunda ambos elementos. Es fundamentalmente un conjunto complejo de relaciones sociales dadas en un territorio y espacio físico más o menos delimitado, el cual genera unas actitudes y unos comportamientos culturales particulares. La cultura urbana es una práctica social que privilegia el valor de uso de la ciudad, en oposición a la concepción capitalista que solo le da valor de cambio. Estos dos conceptos, valor de uso opuesto a valor de cambio, son la piedra de toque que diferencia el relato capitalista del relato anticapitalista sobre la ciudad. Valor de uso o valor de cambio, patrimonio para la vida digna, la cultura, la convivencia, la política y la lúdica, o plataforma de negocios y ganancia para unos cuantos privilegiados; estos son los contornos del conflicto de clase que se alberga en las prácticas urbanas y en la tramitación de sus conflictos. El capitalismo es cada vez más urbanizador, mas inversionista y más orientado a la ganancia. La mayoría de la sociedad en cambio, reivindica y construye ciudad al reclamar lo urbano como derecho y como espacio para la cultura, la política, el arte, la convivencia y el disfrute.

CIUDAD Y NEOLIBERALISMO

Durante las últimas décadas del siglo pasado, el aparato productivo del capital sufrió transformaciones drásticas en el marco de una revolución tecnológica que aún continúa su marcha. Las grandes plantas industriales se disolvieron o se reconvirtieron, expulsando inmensos volúmenes de fuerza laboral. Los índices de urbanización crecieron tanto, que el mundo académico debió incorporar semánticas nuevas para nombrarlos: metrópolis, ciudades región, megalópolis, conurbaciones. El capital financiero asume ahora la conducción urbanística en todos los países, utiliza el aparato estatal como un simple ejecutor de sus designios y conveniencias, convierte el sector de la construcción en el seguro y preferido destino de sus capitales. Esta es la razón por la cual el sector de la construcción ocupa el primer renglón de las economías de Latinoamérica, incluyendo por supuesto a Colombia, a despecho de los grandes déficits en vivienda, en saneamiento básico, en vías. Al capital no le interesa para nada solucionar problemas sociales, le interesa sobre todo la acumulación y la ganancia.

Las ciudades, especialmente del tercer mundo, fueron invadidas por actividades informales de “rebusque” que crecen más allá del límite de la legalidad. En estas condiciones de desempleo, informalidad y precarización laboral, de altos precios de la construcción y la infraestructura, la urbanización igualmente baja sus estándares de calidad y hace más duras las condiciones de vida para los habitantes desplazados a las periferias. El neoliberalismo impone a las ciudades sus políticas territoriales, basadas en la explotación de ventajas comparativas, calificando a aquellas localidades que no las tengan como “no viables”. El resultado inmediato es que las ciudades mal dotadas de infraestructuras de comunicaciones o débilmente conectadas con las redes del comercio globalizado, salen del juego económico, y aquellas que son puertos o poseen instalaciones modernas para el comercio internacional, reciben el grueso de las inversiones y las migraciones de población. El neoliberalismo provoca un trastocamiento de la organización territorial y de las jerarquías urbanas al interior y hacia el exterior de los países.

En las ciudades sometidas al designio neoliberal, lo no viable pasa a ser todo aquello que no esté o no se pueda integrar en forma expedita a las grandes redes de mercado que trascienden lo local. Las leyes del mercado se convierten en política pública urbana que endurece la discriminación y la hace más odiosa para millones de pobres a los que solo se reconocen como “habitantes”. Los capitales financieros e inmobiliarios, al comando del estado, se convierten en los máximos gestores urbanísticos encargados de ordenar el espacio para los grandes negocios e inversiones, en una espiral de valorización del capital que jamás puede dejar de crecer. Los bancos, las firmas constructoras y los promotores inmobiliarios bajo la protección del estado y la bandera de la “renovación urbana”, expropian a los habitantes originarios las zonas urbanas requeridas para sus inversiones, utilizando formalidades legales que a duras penas guardan las apariencias, construyendo, destruyendo y volviendo a construir, en un círculo vicioso especulativo que nunca termina.

En la explotación de ventajas comparativas, el capital anda en la búsqueda de rentas de monopolio, que extrae en tanto explota los patrimonios ambientales y culturales que los pobladores urbanos han logrado acumular. De esta manera, las expresiones folclóricas, las tradiciones históricas, los imaginarios populares, las exclusividades productivas y la amabilidad de las gentes, son convertidas en marca por los empresarios privados del turismo y los negocios para generar beneficios inmensos que no gotean hacia las clases populares que los han producido. En pocos terrenos es tan evidente la paradoja de la producción social y la apropiación individual de la riqueza.

Las estrategias de los capitales dominantes para moldear las ciudades según sus intereses son ya bien conocidas: los mecanismos de avalúo predial y de valorización, los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) que fijan limites urbanos y rurales, zonas, usos y estratificación barrial, los planes parciales de renovación urbana, etc.; todos estos mecanismos tienden a favorecer la inversión inmobiliaria y la obtención de inmensas ganancias, así el costo social sea el desplazamiento forzado de los pobladores sin capacidad de pago, la entrega de los mejores sectores de ciudad a los privados, los más pudientes y los grandes negocios. Todos estos instrumentos, más los manejos del orden público y la economía, entre los más relevantes, organizan el sistema urbano en el actual contexto de dominio del capital financiero globalizado. Tales son en síntesis las estrategias básicas del proyecto neoliberal para la ciudad: una transformación de los centros urbanos en plataforma de negocios, dejándoles a los pobres una urbanización sin ciudad.

La locomotora constructiva-destructiva del capitalismo ha echado abajo las construcciones tradicionales de las ciudades en casi todo el mundo. Enemigo de la ciudad, el capital no ha respetado el legado cultural y artístico que las anteriores generaciones crearon. También lo histórico sigue siendo sistemáticamente derribado, para que los bancos y las inmobiliarias tengan vía libre y se enriquezcan indefinidamente.

Decir ciudad neoliberal es ya un contrasentido. Lo que queda de ciudad hoy es la cultura, la convivencia y lo común que los ciudadanos han edificado y mantienen contra el asedio de los proyectos inmobiliarios. Los centros emblemáticos de ella son para el poder meros centros de decisiones, ajenos a proyecto alguno que recupere para las clases oprimidas el uso pleno de los bienes culturales, de los espacios públicos y de las infraestructuras más valiosas del espacio urbano.

EL DERECHO A LA CIUDAD

Dado el contenido excluyente de las políticas que el capital impone a la ciudad, y dado el concepto extraviado que el sistema tiene sobre la misma, la consigna que realmente apunta al meollo de ese asunto es la del derecho de las clases sociales oprimidas a ocupar y a usar los patrimonios materiales e intangibles que constituyen lo urbano. Las clases dominantes han hecho los negocios. Pero han sido las subalternas las que han llenado de sentido el espacio urbano y lo han enriquecido con sus prácticas, sus resistencias y sus conflictos. El derecho a la ciudad implica el rechazo a la pretensión de ser tratados como simples habitantes alienados en la rutina productiva y la reproducción de la fuerza laboral. Es la resistencia al encierro que impone la urbanización sin ciudad, las torres de apartamentos-colmena recostadas a las laderas, las autoconstrucciones informales sin asistencia del estado, la esclavitud impuesta a los pobladores por el abuso de las hipotecas y los inquilinatos, y los controles que obstaculizan a los marginados el libre uso de bienes y amoblamientos. Es la lucha de los marginados por el derecho al uso y disfrute de los servicios públicos y demás bienes propios de la ciudad, como el transporte colectivo y la vida nocturna. 

En tanto se trata de un proyecto libertario, un papel fundamental en esta lucha lo desempeñan aquellos sectores y fuerzas sociales que el capitalismo ha invisibilizado, como las mujeres, las minorías sexuales, raciales, y todos los que durante siglos han tenido que vivir bajo el anonimato. La relación entre ciudad y libertad viene del proyecto libertario que históricamente enarbolaron la ciudad antigua y la renacentista. Hace siglos las ciudades hacían libres a los hombres, pero el capitalismo la niega hoy a los ciudadanos del siglo XXI.

El derecho a la ciudad incluye desde luego las reivindicaciones a los servicios públicos, a los servicios sociales, a los bienes y a todos los intangibles que los pobladores urbanos requieren para llevar una vida digna. Pero es fundamental en este contexto, el de usar la ciudad desprivatizando su uso. 

El proyecto urbano de las clases oprimidas por el capital consiste en apropiarse la ciudad, usarla en igualdad de condiciones y desarrollar la cultura urbana. Por lo tanto queda incluido el derecho a planificarla, a ordenar su territorio y a mantenerla como producto de la sociedad toda. Desde luego, reivindicar las dimensiones humanas y sociales de la ciudad implica disputarle a las élites los equipamientos que las hacen posibles: la democracia necesita la plaza, la educación necesita la escuela, el deporte los estadios y el arte reclama los museos y galerías. La planificación urbana deberá respetar los derechos de todos e idear soluciones óptimas para la convivencia, la diversidad y la complejidad que implica lo urbano, en oposición a un urbanismo que refuerza la segregación y la ostentación de las minorías citadinas.

Parte fundamental de la lucha anticapitalista de contexto urbano conlleva la construcción de bienes comunes por las clases marginadas. De hecho, la ciudad es un bien común en tanto obra colectiva, pero el asunto clave es el de la apropiación de ella. Los bienes comunes no siempre son el patrimonio público, como las calles o los parques; son tales cuando son apropiados por la gente, cuando los ciudadanos accedemos a ellos y les damos los usos que nos parezca. Bienes públicos simplemente son aquellos que el estado construye y mantiene, pero muchas veces en función de utilidades para terceros. Otras veces tales bienes son cercados, bloqueados, o sus controles policiales llegan al extremo de despojar al ciudadano de su privacidad y libre albedrío. El patrimonio público es necesario, pero también la acción política de los sectores sociales orientada a convertirlos en bienes comunes urbanos.

El derecho a la ciudad tendrá que ser entonces, un proyecto de poder que cotidianamente se juegue en la gestión urbanística, frente a la política territorial del estado, en los asuntos del orden público, la economía y la cultura. No consiste en una confrontación parcial o sectorial o la suma de ellas, sino una articulación de los movimientos sociales urbanos con voluntad autonómica, que en su desarrollo puedan arrebatar al poder establecido pequeños y grandes triunfos en la perspectiva de una democracia anticapitalista que traslade la toma de decisiones sobre lo urbano a quienes históricamente han construido la ciudad: a los sectores populares.

CIUDAD LATINOAMERICANA

Los orígenes de las ciudades en Latinoamérica se inscriben en el contexto de la conquista española. Fueron al mismo tiempo fuertes militares, centros administrativos y residencia de los poderosos desde donde organizaban las “entradas” a lejanas periferias para el saqueo y sometimiento de aborígenes. Durante las épocas de la colonia y la república, los centros urbanos fueron territorio de un intenso mestizaje racial y cultural que multiplicó las resistencias a la sociedad dominante. Las poblaciones originarias supervivientes a la catástrofe demográfica siempre se resistieron a la segregación y algunos grupos de ellas lograron penetrar los cascos urbanos, imprimiéndoles a las ciudades latinoamericanas unas complejidades de diversidad cultural que son únicas en el mundo.

En América Latina los índices de urbanización crecen aceleradamente. La estructura general de la ciudad latinoamericana contiene originalmente el principio colonial de un centro representativo que centraliza las instituciones públicas, religiosas y financieras, creando luego a su alrededor anillos comerciales y residenciales cada vez más elementales, dando lugar a una periferia degradada, indeterminada y pobre, donde se amontonan los excluidos del poder y la riqueza. Esta estructura básicamente se mantiene, pero desde la modernidad ha ido incorporando amplias regiones a la dependencia social y económica con unos centros urbanos expandidos que funcionan como plataformas de negocios y venta de servicios. Las relaciones centro-periferia se han modificado hacia la regulación de la dependencia regional, ya no de varios centros urbanos, sino generalmente de un polo que atrae los excedentes de economías a menor escala y subordina a las comunidades que los integran.

La ciudad latinoamericana actual funciona bajo el parámetro del extractivismo. Subordina a la periferia y se alimenta de ella; la institucionalidad está diseñada para garantizar los inmensos flujos de energía y recursos naturales que sostienen a centros urbanos superpoblados y no pocas veces depredadores del medio ambiente, atrapados en estilos de vida consumistas y nubes de dióxido de carbono, donde continúa creciendo la motorización individual y las construcciones agresivas con la naturaleza. Nuestras ciudades han recibido todo el peso de las políticas territoriales neoliberales, siendo sometidas a duros procesos de privatización de los patrimonios públicos, en buena hora enfrentados también por los movimientos sociales en muchas de ellas. Es evidente que los procesos de rebelión contra el neoliberalismo que recorren el subcontinente, están impactando la vida urbana al despertar la lucha de sectores marginados en las periferias que se lanzan sobre los centros de las ciudades antes vedados, para manifestarse y apropiarse de las calles y las plazas. Esas rebeliones han sido también urbanas en la medida que sus estallidos están propiciando cultura política y nuevas relaciones de apropiación de tales espacios céntricos.

CIUDAD COLOMBIANA 

La ciudad colombiana comparte la crisis que la ciudad neoliberal latinoamericana y alberga conflictos similares, mas tiene particularidades que provienen de la historia nacional y regional nuestras, su estructura socioeconómica y su régimen político. El estado colombiano ha sido desde hace un siglo, decididamente urbanizador. La planeación nacional desde mediados del siglo XX enfocó sus prioridades en la construcción de vivienda, obras públicas e infraestructuras urbanas que por décadas han estimulado el crecimiento desbordado de sus centros urbanos. Esta política territorial es complementaria con la ausencia de estímulo para la agricultura, la conservación de una estructura de propiedad altamente concentrada e inequitativa en el campo y la imposición más reciente de un modelo exportador agroindustrial y de minería extractivista, basado fundamentalmente en la expropiación, desplazamiento y explotación agresiva del campesinado.

Así, la política urbana y la política agraria del estado, son las dos caras de la misma moneda, se condicionan mutuamente y su versión actual es el plan de desarrollo “Prosperidad para todos. 2010-2014”, del presidente Juan Manuel Santos. Ese proyecto no ha permitido a ningún gobierno ni pacificar el campo ni organizar la vida urbana, a pesar de los esfuerzos que sectores de la burguesía adelantaron con López Pumarejo en 1936 y Lleras Restrepo en 1968, esfuerzos que en cada situación sucumbieron ante el ímpetu del sector latifundista de la oligarquía, fuertemente representado en las instituciones.

En el campo, la combinación entre desgobierno y represión ha costado un conflicto armado de 60 años que hoy está en negociación, mientras en las ciudades, el orden precario se ha podido mantener con trazas de asistencialismo, un débil aparato de bienestar ya desmantelado, represión selectiva y un aparataje ideológico eficiente y bien alineado con los intereses oligárquicos. Pero el conflicto y sus formas violentas no han estado confinadas al espacio rural; este ha permeado también los poblados grandes y pequeños, y hasta las ciudades metropolitanas reciben sus coletazos a través de atentados individuales y saboteos a infraestructuras y servicios. Tratándose de una guerra irregular, las armas hacen presencia en los más inesperados espacios y momentos de la vida social; es notoria la manera como afectan la cotidianidad a través del control territorial de bandas que practican la extorsión y otros delitos que están produciendo no solo muertes sino también desplazamiento forzado intraurbano.

La migración campo-ciudad en Colombia es pues, inducida por la planeación del desarrollo, las macropolíticas públicas y las diferentes violencias que desplazan población del campo a los pequeños poblados, de los pequeños a los grandes y de estos a las urbes, siempre buscando la protección y los servicios que por lo menos en el imaginario colectivo, se encuentran en las grandes capitales. Esta migración, que tiene el carácter general de forzosa, se asienta en los límites o más allá de los perímetros urbanos y plantean a las administraciones locales demandas que no satisfacen; es decir, el estado induce la sobrepoblación urbana pero no la atiende, no le garantiza sus derechos humanos y en esa medida genera otras problemáticas adicionales como el hacinamiento, la delincuencia y el deterioro ambiental que agravan las carencias ya propias de las ciudades nuestras. Con razón alguien dijo que en Colombia el problema urbano es un problema rural, para indicar que eran necesarias profundas transformaciones en el campo si se buscaba ordenar la vida en las ciudades.

A las características caóticas propias de la ciudad neoliberal, en Colombia suman las particularidades provenientes de sus macropolíticas dominantes, un conflicto armado legendario que trascendió la guerra fría y las consecuencias económicas, culturales y políticas del surgimiento en la escena nacional en las décadas pasadas de un poderoso sector de clase proveniente de economías ilícitas que ha permeado a los demás y, ha incidido fuertemente en los desórdenes económicos, urbanísticos y culturales de las ciudades colombianas. Denominado “narcotráfico”, se ha ligado a todas las modalidades delincuenciales, ha penetrado las instituciones públicas y muchos de sus recursos se invierten en el sector inmobiliario y la contratación con el estado.

Desde la década de los ochentas, ante un auge de los movimientos sociales por mejores servicios públicos y otras reivindicaciones territoriales, se implementó un proceso de descentralización política, administrativa y fiscal que buscó darle mayor protagonismo a las comunidades locales en la toma de las decisiones que directamente las afectan, proceso que fue complementado con disposiciones sobre democracia participativa que definió la Constitución de 1991. Pero las derechas lograron vaciar de contenido democrático la prometedora descentralización colombiana y la acomodaron a sus propias concepciones de estado mínimo y privatización de los patrimonios públicos, mientras la participación de los pobladores en la toma de sus decisiones quedó mediada por el clientelismo y la coacción de los grupos armados que actúan en casi todo el territorio. Los procesos de descentralización que se aplican hoy a las ciudades y regiones del país, funcionan más como piezas del proyecto neoliberal que como posibilidades reales de vida urbana democrática; han significado flexibilidad y garantías para los grandes negocios pero rigidez y reducción de espacio para la expresión espontánea de las comunidades locales. Es a nombre de esa descentralización que se delega a pequeños grupos barriales o comunales la gestión de migajas de presupuesto y problemas de poca trascendencia, mientras las élites gubernamentales y empresariales se reservan las grandes decisiones sobre las ciudades y las regiones que las circundan.

El mayor porcentaje de los pobladores pobres de las ciudades colombianas son migrantes forzosos que no han tenido alternativa distinta a refugiarse en las capitales para preservar sus vidas. De este grupo, unos son desplazados por la violencia, principalmente de las áreas rurales de sus entornos mediatos, y otros, la mayoría, son desplazados por las penurias propias de la vida campesina, por el hambre, las enfermedades, la carencia de tierra, la incomunicación y los desfavorables precios agrícolas. Así, las grandes masas de habitantes urbanos periféricos están integradas por desarraigados rurales que tampoco encuentran aquí la dignidad que buscan; son expulsados del campo y excluídos de la ciudad. 

En Colombia las ciudades han sido también territorios de resistencias. Ellas han sido construidas en gran parte por el esfuerzo individual y familiar de pobladores que han levantado barrios y zonas enteras que mejoran permanentemente a costa de sus presupuestos y su fuerza laboral. Desde allí se desatan procesos de organización para exigir al estado dotaciones de servicios y vías de comunicación que sin embargo, otras veces aprovechan los gobiernos locales para “normalizar” la urbanización, es decir, incorporar a los pobladores como clientes que en adelante pagarán impuestos y tarifas por los servicios que obtengan. Otro aspecto de las resistencias se hace visible en los centros cívico-comerciales y en sus áreas exclusivas, cuando los pobres o grupos de minorías, venciendo resistencias o afrontándolas, se apropian de sitios o lugares vedados, o controlados, o donde su presencia es mal vista. Particularmente notoria es entre nosotros la presencia incontrolable del comercio informal en el corazón mismo de las urbes a pesar de la persecución policial.

Otro grupo de resistencias más conscientes, ocurren a través de organizaciones populares barriales o comunales, que enarbolan reivindicaciones diversas, unas veces transitorias como el rechazo a obras públicas inconsultas o agresivas social y ambientalmente, y otras, más permanentes, de base juvenil, orientadas a la convivencia, la cultura, el arte y la lúdica. Pero quizá la resistencia más radical es la de los llamados “barrios de invasión”, una resistencia frecuentemente organizada por los propios pobladores y que ha triunfado pese a la represión abierta o encubierta. La llamada urbanización “pirata” que se inicia con una toma, continúa con un “loteo” y luego con la autoconstrucción, es una de las líneas dominantes de la urbanización en Colombia, conflictiva y alternativa a la inacción del estado en materia de construcción de vivienda.

Por regla general, las resistencias urbanas en Colombia son sectoriales y fragmentadas, sus articulaciones tienen poco alcance, y carecen por lo tanto de un proyecto integrador que en su forma y en su contenido pueda llamarse programa o proyecto urbano alternativo. Las organizaciones políticas antisistémicas, provistas de estrategias alejadas de los cambios que ha experimentado el capital en el actual mundo globalizado, miopes ante las transformaciones que vienen produciéndose en la base social explotada, no han podido desprenderse de las visiones rígidamente centralizadas, se les escapan las particularidades de las regiones, los sectores y las localidades; por lo tanto no dan respuesta estratégica al contexto urbano de las luchas políticas en Colombia. En las condiciones actuales de urbanización acelerada del país, bajo un sistema neoliberal rapaz y permeado por todas las modalidades de violencia, es urgente levantar un movimiento políticamente visionario que se oponga al desastre propuesto por el capital financiero e inmobiliario; un proyecto urbano de inclusión y participación plena de los oprimidos en la toma de decisiones a través de una reforma urbana democrática, es una de las tareas cruciales del momento. El proyecto general consiste en el empoderamiento de los marginados para asumir la toma de las grandes decisiones de la vida urbana, es la conquista del derecho a la ciudad.

Medellín, 6 de abril de 2014.
http://www.polodemocratico.net/index.php?option=com_content&view=article&id=6411%3Ala-ciudad-neoliberal-como-espacio-para-la-exclusion-social-la-acumulacion-y-la-ganancia&catid=45%3Aen-profundidad&Itemid=113#.U2ZiVwXkLIs.facebook

domingo, 10 de marzo de 2013

MESA CIUDADANA EN DEFENSA DE LOS CALEÑOS RECORRE LAS COMUNAS DE CALI



Desde esta pagina web pueden bajar el derecho de petición que los caleños le enviaremos al alcalde Rodrigo Guerrero.
una vez diligenciado, puede llevarlo a la sede de 
Sintraemcali o llamar al telefono 6618123 si necesita que lo recojanhttp://www.patriciamolina.org/descargas/derecho_de_peticion_alcalde_rodrigo_guerrero.pdf






La mesa ciudadana  en defensa de los caleños, ha venido sosteniendo en los últimos dos mese  reuniones con habitantes de las comunas de la ciudad, que incluyen entre otros  los barrios Floralia, Evaristo García, José Holguín Garcés, Agua Blanca, Nueva Base, El Trébol, La Campiña, Villa Colombia, San Luis, La Isla,Bueno Madrid, entre otros.
En todas las reuniones la Concejal Patricia Molina ha explicado a la comunidad como se verán  afectados por las decisiones tomadas por el alcalde Rodrigo Guerrero, en materia de impuesto predial y de valorización, agravando aun mas la difícil situación económica de los caleños. Así mismo SintraEmcali ha explicado cómo el gerente interventor Sabas Ramiro Tafur Reyes pretende imponer medidas como la suspensión de los servicios públicos domiciliarios con el vencimiento de la primer factura, que afectará a los ciudadanos y beneficiará a los contratistas, además  de exponer la necesidad de preservar a EMCALI como  una empresa 100% publica y de Multiservicios.
Los líderes comunitarios  han mostrado su disposición para avanzar en la organización de sus comunidades y en la defensa legitima de sus derechos.
Presentamos a ustedes algunas imágenes  de la visita a estas comunidades


















lunes, 11 de febrero de 2013

AGENDA DE LA MESA CIUDADANA POR LA DEFENSA DE LOS CALEÑOS. + VÍDEO EXPOSICIÓN PATRICIA MOLINA




AGENDA DE LA MESA CIUDADANA POR LA DEFENSA DE LOS CALEÑOS.

Martes 12 de Febrero de 2013
Comuna 8
Barrio El Trébol – Calle 56 con 12c Esquina
Hora: 7:00 PM
Responsables: Orlando y Ricardo

Miércoles 13 de Febrero de 2013
Comuna 2
Sede Comunal Barrio La Campiña – Avenida 7n No 42-07
Hora: 7: 00 PM
Responsables: Albert

Comuna 4
CALI 4 carrera 2ª con Calle 44 – Salomia
Hora: 3:00 PM
Responsable: Lañas y Angel

Comuna 4
Centro Auxiliar de Servicio Docente CASD - Calle 34 con carrera 4n
Hora 6:00 PM
Responsable: Vargas y Alban

Jueves 14 de Febrero de 2013
Comuna 6
Barrio San Luis II - Colegio Santa Isabel de Hungria
Hora: 7:00 PM
Responsable: Reyes y Carlos Arbey

Viernes 15 de Febrero de 2013
Comuna 16
República de Israel –Calle 46 Carrera 43a
Hora 6:00 PM
Responsables: Jorge Iván y James

 VÍDEO EXPOSICIÓN PATRICIA MOLINA
EXPOSICION DE CONCEJAL PATRICIA MOLINA EN LA MESA EN DEFENSA DE LOS CALEÑOS

exposición de la concejal del Polo Democrático Alternativo durante la conformación de la mesa ciudadana en defensa de los caleños que contó con la presencia de 300 lideres comunitarios y sociales 
en los temas tratados por la concejal esta el Impuesto Predial en el Plan de Desarrollo aprobado en el concejo a la administración municipal de rodrigo guerrero



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